Atribuido a Anton van Dyck
Pintura barroca
La historia
Fuera del recorrido principal de la Galleria Palatina, en la capilla de los Apartamentos Reales del Palazzo Pitti, cuelga un retrato de busto de una mujer. La ficha la identifica como Battina Balbi, de una familia de banqueros genoveses, casada con Marcello Durazzo, y da como autor a van Dyck, con una salvedad delante del nombre.
Esa salvedad dice algo preciso. Afirma que a los especialistas el cuadro les parece suyo y que falta la prueba que cerraría la cuestión. Sin firma, sin contrato conservado, sin una cadena de propiedad ininterrumpida que llegue hasta el taller. La palabra describe el estado de los papeles alrededor del lienzo. Un documento aparecido en un archivo familiar, o un examen bajo la capa pictórica, puede moverlo en cualquiera de las dos direcciones.
Van Dyck tenía 22 años cuando llegó a Génova en 1621 y unos 28 cuando se marchó a Amberes, y en esos años trabajó para las familias que llevaban la banca de la ciudad, los Balbi y los Durazzo entre ellas. Cuando un retrato así se quedó con la familia y puede seguirse por sus inventarios, hoy cuelga con el nombre del pintor y sin nada delante. Su Caterina Balbi Durazzo, pintada en 1624, sigue en Génova, en el Palazzo Reale, la casa que levantó su primo Stefano Balbi en la calle que la familia había trazado.

