Bertel Thorvaldsen

1770–1844 · Reino de Dinamarca · Neoclasicismo


La historia

En la primavera de 1803, un joven escultor danés en Roma, hijo de un tallista islandés de los astilleros de Copenhague, hacía las maletas para volver. Su beca de viaje de la Academia de Copenhague, la escuela real de arte en la que había entrado a los once años, se había agotado. Había modelado dos veces en arcilla a Jasón, el héroe griego con el vellocino de oro, y Antonio Canova, entonces el primer escultor de Roma, lo había elogiado, pero no aparecía ningún comprador. Casi en el último momento, el coleccionista angloholandés Thomas Hope vio la figura en su taller y la encargó en mármol. Thorvaldsen se quedó. Hope, por su parte, esperó 25 años la estatua terminada.

Aquel respiro se convirtió en unos 40 años en Roma. Thorvaldsen había llegado el 8 de marzo de 1797 y, como nunca se encontró registro de su nacimiento, celebró ese día toda su vida como su «cumpleaños romano». Su taller creció, con ayudantes que tallaban el mármol a partir de sus modelos, y los encargos fueron desde el sepulcro del papa Pío VII en San Pedro hasta un Cristo colosal para la catedral de Copenhague.

Uno de sus mecenas más fieles fue Luis, príncipe heredero y luego rey de Baviera, el impulsor de la Gliptoteca, el museo de escultura de Múnich. En 1808 Luis le encargó un Adonis y exigió que Thorvaldsen lo tallara enteramente con sus propias manos, lo que explica en parte que no se terminara hasta 1832. Por entonces, Thorvaldsen restauró también para él las estatuas del templo de Egina, recién descubiertas.

En 1838 el rey de Dinamarca envió la fragata Rota para llevarlo a casa junto con la mayor parte de sus obras, y Copenhague construyó el Museo Thorvaldsen para albergarlas. Un friso pintado en su fachada muestra la llegada del barco al puerto. Thorvaldsen murió repentinamente en 1844 en el Teatro Real, cuatro años antes de que abriera el museo, y está enterrado en su patio.

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Obras

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