
Ignacio Zuloaga
1870–1945 · España · Realismo
La historia
Hacia 1900 dos pintores españoles mostraban al mundo dos Españas opuestas. Joaquín Sorolla, de la costa mediterránea, pintaba la luz del sol sobre el agua y niños en playas luminosas. Ignacio Zuloaga, un vasco del lluvioso pueblo norteño de Éibar, pintaba el otro país: toreros, gitanos, bailaoras y mendigos, recortados contra áridas colinas castellanas bajo cielos cargados. Los críticos llamaron a su versión la España Negra, y muchos de sus compatriotas se lo reprocharon.
Fuera de España, esa visión más sombría le hizo un nombre. Desde su estudio de París defendía a los viejos maestros que sentía a su espalda, sobre todo a El Greco, cuyas figuras alargadas y deformadas llevaban siglos pasadas de moda. Zuloaga coleccionaba lienzos de El Greco y los mostraba a visitantes como el escultor Rodin y el poeta Rilke, contribuyendo a devolver a aquel pintor al primer plano en que hoy se le sitúa.
Zuloaga siguió trabajando durante la caída de la monarquía española y la guerra civil, pintando retratos y escenas castellanas en los mismos pardos y negros terrosos hasta su muerte en Madrid en 1945.

