Jean-Baptiste-Siméon Chardin

Jean-Baptiste-Siméon Chardin

1699–1779 · Reino de Francia · Rococó, Realismo


La historia

Mientras los pintores de corte de Luis XV llenaban París de querubines rosados y coqueteos, Chardin se volvió hacia un puchero de cobre, unos huevos, un pescado muerto. En una época que apreciaba lo ligero y lo erótico, construyó una carrera sobre las cosas más sencillas de la cocina, pintadas con tal solidez que sientes su peso y su brillo apagado.

Trabajaba despacio y exponía poco, pero hasta Diderot, el filósofo de lengua afilada que reseñaba los Salones, se maravillaba de cómo Chardin hacía que la mera pintura se leyera como materia, la pelusa de un melocotón o el fieltro de un sombrero. Sus escenas de género son igual de quietas: un niño construyendo un castillo de naipes, un aya cepillando el abrigo de un niño, una sirvienta de vuelta del mercado que se detiene con sus panes.

Ya mayor, la vista le flaqueó y el óleo le dio problemas, así que se pasó al pastel e hizo un puñado de autorretratos implacables, un anciano con gorro de dormir y las gafas subidas sobre la frente. Tenía alojamiento en el Louvre, entonces palacio real, y murió allí en 1779, tras pasar sus últimos años dibujando su propio rostro con tiza de color.

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Obras

9 obras