
Karl Briulló
1799–1852 · Imperio ruso · Romanticismo
La historia
En la década de 1830 la pintura rusa aún respondía a la Academia de San Petersburgo, donde el modelo era el sereno orden clásico tomado de la antigua Roma. Karl Briullov pasó esos años en Italia, y cerca de Nápoles recorrió las calles excavadas de Pompeya, la ciudad sepultada por el Vesubio en el año 79. La Calle de los Sepulcros lo impresionó tanto que situó allí mismo un lienzo enorme, entre estatuas que caen y un cielo del color de la ceniza.
Lo terminó en 1833, de unos seis metros de ancho. Briullov había leído la carta de testigo de Plinio el Joven sobre la erupción, aquella en la que muere el tío de Plinio, e iluminó toda la escena con relámpagos y el resplandor rojo del volcán. El conde Anatoli Demídov, un rico coleccionista ruso, la pagó. El lienzo fue primero a la pinacoteca de Brera, en Milán, y luego al Salón de París de 1834, donde ganó una medalla de oro.
Casi de la noche a la mañana Briullov se convirtió en el primer pintor ruso con verdadera reputación en el extranjero. El cuadro inspiró una novela inglesa, 'Los últimos días de Pompeya' de Bulwer-Lytton, y cuando llegó a San Petersburgo los escritores Pushkin y Gógol trataron su llegada como un acontecimiento nacional. Cuelga hoy en el Museo Estatal Ruso, adonde fue trasladado en 1897.




