
Karl Bryullov · PD
El último día de Pompeya
Ficha
La historia
Cuando Karl Briulov terminó este cuadro enorme en Roma, en 1833, la ciudad entera acudió a su taller a verlo. El pintor ruso había pasado años preparándolo: visitó las ruinas de Pompeya y estudió los moldes de los cuerpos sorprendidos por la erupción del Vesubio del año 79. En el lienzo, el volcán tiñe el cielo de rojo, los rayos caen, las estatuas se desploman de sus pedestales y la gente huye entre las columnas. Una madre abraza a sus hijas, un hijo carga con su padre anciano, un joven sostiene a su prometida desmayada. Entre la multitud, a la izquierda, un hombre se protege la cabeza con la mano y sujeta una caja de pinceles: es el propio Briulov, que se retrató como uno más de los que escapan. La obra viajó de Roma a Milán y de allí a Rusia, y en todas partes causó asombro. En San Petersburgo, Pushkin le dedicó unos versos y Gógol un largo artículo, saludándola como un renacer de la gran pintura. En medio del desastre, casi todos los rostros están vueltos hacia arriba, iluminados por el resplandor blanco del rayo que cruza el cielo negro.



