
Luis de Morales
1509–1586 · Corona de Castilla · Manierismo
La historia
En 1581 el rey Felipe II de España pasó por la ciudad de Badajoz, junto a la frontera portuguesa, y encontró allí a un viejo pintor al que casi había olvidado. Luis de Morales rondaba los setenta años y vivía en la miseria. El rey, al verlo tan venido a menos, le concedió una pequeña pensión de 300 ducados al año, suficiente para vivir. Morales la cobró cinco años, hasta su muerte en 1586.
Había pasado casi toda su vida en aquel rincón provinciano de Extremadura, lejos de la corte. Su tema casi nunca fue otro que la devoción: la Virgen con el Niño dormido, Cristo cargando la cruz, el rostro del Varón de Dolores, pintados con un acabado liso y esmaltado y una ternura que le valió el apodo de El Divino, el Divino. Su manera une la precisión flamenca con las sombras suaves y veladas que tomó de los seguidores italianos de Leonardo.
Felipe, que prefería a los grandes pintores italianos para su nuevo palacio de El Escorial, le hizo un único encargo real y le mostró poco entusiasmo. Aun así, las tablas pequeñas e intensas que el pintor hacía para iglesias parroquiales y para la oración privada extendieron su fama por España en vida. Muchas cuelgan hoy en el Prado, en Madrid, donde esos rostros devotos vistos de cerca conservan aquella calma pulida y doliente.

