Philip van Dijk

1683–1753 · República de los Siete Países Bajos Unidos


La historia

En 1733 salieron a la venta los cuadros de Adriaan Bout, un coleccionista de La Haya, y Philip van Dijk pagó 430 florines por un pequeño Rembrandt de 1631, el Cántico de Simeón, el anciano que sostiene en el Templo al Niño Jesús. El cuadro pasó al príncipe Guillermo IV de Orange, entonces estatúder de Frisia, y hoy cuelga en el Mauritshuis. Van Dijk se ganaba la vida como pintor, pero son compras como esta las que hacen que su nombre aparezca una y otra vez en los registros de la colección de los Orange.

Nació en 1683 en Oud-Beijerland, un pueblo al sur de Róterdam, y se formó con dos maestros de la pintura lisa y minuciosamente acabada, Arnold Boonen en Ámsterdam y Adriaen van der Werff en Róterdam. En 1708 se estableció en Middelburg, en Zelanda, y aprovechando la cercanía de Flandes iba a Amberes a comprar cuadros holandeses antiguos para revenderlos. Desde 1718 trabajó en La Haya, donde la élite neerlandesa acudía a él para sus retratos.

La familia Orange se convirtió en su clientela más fiel. Pintó a Guillermo IV de niño junto a su madre, María Luisa de Hesse-Kassel, y a su hermana, y de nuevo en 1729, cuando el príncipe alcanzó la mayoría de edad. A mediados de la década de 1720 fue además a Kassel como pintor de la corte de los landgraves de Hesse-Kassel, la familia de la madre de su mecenas. Se conservan cartas suyas a Guillermo IV sobre la compra y la restauración de cuadros, y en 1750 fue nombrado pintor de cámara del príncipe, un año antes de que Guillermo muriera. Van Dijk murió en La Haya en 1753.

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