
Judith Leyster · PD
Un niño y una niña con un gato y una anguila
Ficha
La historia
En la década de 1630 la República holandesa era un enorme mercado de pintura. Los cuadros se compraban y vendían como mercancía, y los pintores tenían que destacar. Judith Leyster era una rareza en ese mundo, una de las pocas mujeres admitidas como maestra en el gremio de San Lucas de Haarlem, con taller propio. Hacia 1635 pintó esta pequeña escena: un niño sostiene una anguila mientras una niña agarra a un gato y mira al espectador con una sonrisa pícara. Los holandeses de entonces leían estas escenas infantiles como refranes, y aquí hay dos a la vez. Uno dice que quien juega con gatos acaba arañado, es decir, quien busca problemas los encuentra. El otro es un viejo dicho sobre la anguila cogida por la cola, que aún no está atrapada, porque tener algo en la mano no significa poseerlo. La escena divertida era también una pequeña lección moral. Hoy el cuadro cuelga en la National Gallery de Londres.




