
Gustave Courbet · PD
Un entierro en Ornans
Ficha
La historia
Después de la revolución de 1848, con la Segunda República recién nacida y la vieja jerarquía en entredicho, Courbet hizo algo que sonó a provocación. Pintó el entierro de un vecino cualquiera de Ornans, su pueblo natal en el Franco Condado, y lo pintó a lo grande, más de seis metros de ancho, el formato que hasta entonces se reservaba para reyes, santos y batallas. En el Salón de 1850 aquello escandalizó. Los críticos no perdonaban que una escena de aldea, sin héroe ni moraleja, ocupara el sitio de la pintura de historia. Las cerca de 40 figuras que rodean la fosa no son tipos ideales, son habitantes reales de Ornans que posaron para él, el cura, los notables, las mujeres de luto, el sepulturero arrodillado junto al hoyo abierto. Nadie mira al muerto con arrebato. El perro del primer plano se distrae hacia un lado. Courbet llamó a este cuadro, medio en broma, las columnas de Hércules del realismo.




