
Gustave Courbet · PD
El taller del pintor
Ficha
La historia
En 1855 París montó su Exposición Universal, una vitrina del progreso pensada para rivalizar con Londres, y el jurado de arte rechazó este lienzo por considerarlo demasiado grande y demasiado extraño. Courbet no aceptó el veredicto. A pocos metros del recinto oficial levantó por su cuenta una barraca de madera, la llamó el Pabellón del Realismo y cobró entrada para enseñar sus propios cuadros. Esta era la pieza central. La tituló alegoría real, y avisó de que cada figura vale a la vez por sí misma y por una idea. A la derecha se agrupan sus amigos, coleccionistas y escritores; a la izquierda, gente corriente de toda condición. En el centro se retrata a sí mismo trabajando en un paisaje, mientras un niño lo mira y una modelo desnuda observa por encima de su hombro. La crítica del momento lo tachó de vulgar. Delacroix, en cambio, fue uno de los pocos que entró en la barraca y salió hablando de una obra maestra.




