
Diego Velázquez · PD
Esopo
Ficha
La historia
Hacia 1638 Velázquez pintó a Esopo para la Torre de la Parada, el pabellón de caza de Felipe IV en los montes de El Pardo, cerca de Madrid, donde el cuadro colgaba junto a obras de Rubens. En vez de un sabio idealizado, el pintor imaginó al viejo fabulista griego como un hombre curtido y mal vestido, de pie y a tamaño natural, con un libro en la mano que remite a sus fábulas. Esopo mira de frente, sereno, sin pedir nada. La pintura española de aquellos años asociaba a menudo la filosofía con la pobreza, en pleno auge del pensamiento estoico. El cuadro formaba pareja con el Menipo del mismo Velázquez, uno grave y otro burlón. A los pies de Esopo se ven un cubo de madera y un paño, alusión al oficio de curtidor que la leyenda le atribuía.




