
Jean-Baptiste Greuze · PD
Los huevos rotos
Ficha
La historia
Greuze pintó esta escena en Roma en 1756 y la envió al Salón de París de 1757. A primera vista es una anécdota doméstica: una muchacha abatida, unos huevos caídos por el suelo, un hombre a su lado. Pero el público de la época leía el mensaje al instante. Los huevos rotos eran la virginidad perdida, y el niño que intenta recomponer una cáscara con las manos, el empeño inútil de recuperar lo que ya no vuelve. Greuze dejó de lado los grandes asuntos de la pintura de historia para contar pequeñas moralejas que cualquiera entendía, y con ello se hizo enormemente popular. Un crítico del Salón llegó a decir que la pose de la joven era digna de un pintor de historia.




