
Busto del papa Urbano VIII
Ficha
La historia
Bernini esculpió este busto en 1632 o 1633, cuando Urbano VIII llevaba unos diez años de pontificado. En 1633 el literato Lelio Guidiccioni contó lo que se sentía ante él. Basta el leve movimiento de la cabeza y del hombro, escribió, para creerse de rodillas ante un retrato parlante del papa, que con un gesto benévolo de bendición nos indica que nos levantemos. El museo señala los pequeños detalles que dan vida a la piedra. Los labios parecen a punto de abrirse. Hay barba sin afeitar en las mejillas. Un botón de la muceta, la esclavina corta del papa, no está del todo abrochado. Los iris de los ojos están grabados con la punta del trépano. El busto siguió en manos de la familia del papa, los Barberini, hasta que el Estado italiano se lo compró en 1969.




