
Francisco de Zurbarán · CC0
Cristo y la Virgen en la casa de Nazaret
Ficha
La historia
No hay ninguna escena como esta en los Evangelios. Zurbarán, que trabajaba en Sevilla durante la Contrarreforma española, se inventó un momento doméstico y callado y cargó de sentido cada objeto. El niño Jesús ha trenzado una pequeña corona de espinas y se ha pinchado un dedo con ella. Su madre levanta la vista de la labor, con los ojos húmedos, como si ya supiera adónde lleva todo esto. Los lirios y las rosas de la mesa hablan de su pureza, el par de palomas del alma, los libros abiertos de las viejas profecías a punto de cumplirse. Cuadros así se hacían para la oración privada, para mirarlos despacio y leerlos detalle a detalle. Hasta el hilo de sangre en el dedo del niño es un ensayo de la Crucifixión, todavía a muchos años de distancia.




