
Perdiz muerta colgada de un clavo
Ficha
La historia
Una sola perdiz muerta cuelga de un clavo por un cordel atado con un nudo complicado, y eso es todo el cuadro. Está pensado para engañar la vista. Las pinturas de este tipo, llamadas trampantojos, estuvieron muy de moda en la República Holandesa a mediados del siglo XVII, y el efecto depende de que el ave y el clavo parezcan pertenecer a una pared real que tenemos delante.
Weenix la pintó hacia 1650-1652. Se le conoce sobre todo por sus paisajes italianos y vistas de puertos llenos de sol, así que este lienzo tan callado muestra una faceta poco habitual suya. En 1654, Carel Fabritius, discípulo de Rembrandt, pintó su propio pequeño engaño, El jilguero, que también cuelga en el Mauritshuis.
La perdiz no es propiedad del museo. La compraron en 1960 los Amigos del Mauritshuis, una asociación de mecenas particulares, y desde entonces la tienen prestada al museo.