
Anciana ebria
Ficha
La historia
Cuando la Gliptoteca del rey Luis I abrió sus puertas en Múnich en 1830, esta estatua se quedó fuera. El arquitecto del edificio, Leo von Klenze, se negó a admitirla, aunque era la más importante de las pocas esculturas antiguas que los príncipes de Baviera poseían antes de que Luis empezara a coleccionar. Su camino hacia Múnich había empezado en Roma. En 1714 fue enviada desde allí como regalo a Juan Guillermo, elector del Palatinado, en Düsseldorf. Pasó luego años en Mannheim y a comienzos del siglo XIX llegó a la Residencia, el palacio de los soberanos en Múnich.
Ya dentro de la Gliptoteca siguió en un rincón. Desde 1865 estuvo en la galería de vaciados en yeso que el arqueólogo Heinrich Brunn había instalado allí. Solo en 1895 su sucesor, Adolf Furtwängler, la expuso entre los originales, en la sala romana y no junto a la escultura griega.
El museo la describe como copia romana de un célebre original helenístico de hacia el 200 a. C. El autor romano Plinio menciona una anciana ebria de mármol en Esmirna, en la costa de Asia Menor, obra de un escultor llamado Mirón, aunque nada une con seguridad aquella obra perdida a esta figura.




