
Diego Velázquez · PD
Retrato ecuestre de Felipe III
Ficha
La historia
Felipe III llevaba más de una década muerto cuando Velázquez lo pintó encabritado sobre este caballo, hacia 1634. El cuadro nunca pretendió ser un retrato del natural. Se hizo para el Salón de Reinos del nuevo palacio del Buen Retiro, en Madrid, donde Felipe IV reunía una sala entera para glorificar a su dinastía y sus victorias. Su difunto padre ocupa allí un lugar, entre la familia a caballo, con armadura dorada y una gran perla en el sombrero, la montura recogida en una corveta contenida. Para un encargo de este tamaño y tan ceremonial, Velázquez contó con ayuda de su taller. Una limpieza reciente en el Prado retiró repintes posteriores y devolvió el cielo claro y abierto que Velázquez había puesto tras el caballo alzado.




