
François Gérard · PD
Flora acariciada por Céfiro
Ficha
La historia
En 1802 Napoleón era Primer Cónsul y una nueva élite adinerada decoraba sus mansiones parisinas. Este cuadro nació precisamente de uno de esos encargos privados, para el palacete de Gaudin, el ministro de Hacienda de Napoleón, y probablemente hacía juego con una Dánae pintada por Girodet. Gérard, discípulo de David, suaviza aquí la severidad de su maestro y ofrece algo abiertamente sensual. Flora, la diosa de la primavera, aparece desnuda de pie sobre el globo terráqueo, acariciada por Céfiro, el viento del oeste convertido en una bruma luminosa a su alrededor. De esas caricias brotan flores que caen sobre el mundo. Son especies reconocibles, inspiradas en las láminas botánicas de Redouté, el gran ilustrador de plantas de aquellos años.


