
Peter Paul Rubens · PD
La Fortuna
Ficha
La historia
La tradición renacentista solía dar a la Fortuna un timón y una vela, de modo que gobernaba la tormenta en que vivía. Rubens se los quita. Su Fortuna emerge del mar como una Venus adulta y carnosa, y se sostiene sobre un globo de cristal, al pie del lienzo, mientras debajo corren las olas. El velo se hincha detrás, el pelo cae mojado y en mechones, y no hay nada firme bajo sus pies. El cuadro se pintó entre 1636 y 1638 para el pabellón de caza de Felipe IV en El Pardo, y es una de las pocas figuras solas de una serie llena de relatos. Rubens se alejó bastante de su propia idea inicial. En el boceto, hoy en Berlín, ella va absorta, con la cabeza echada hacia atrás, el brazo derecho alzado y el izquierdo tendido a la espalda al posar el pie sobre el globo. En el lienzo definitivo todo eso está invertido y la figura se vuelve hacia el espectador. El Prado lo cataloga como obra de Rubens y taller, y atribuye a su mano el modelado del rostro y de la carne.




