
Gustave Courbet · PD
El origen del mundo
Ficha
La historia
En 1866 el diplomático turco-otomano Halil Şerif Pachá, conocido en París como Khalil Bey, encargaba a Gustave Courbet un cuadro para su gabinete privado de pinturas eróticas. Courbet, que ya escandalizaba a los salones oficiales pintando a campesinos y canteros al tamaño que se reservaba a los héroes, respondió con un desnudo femenino visto de una franqueza absoluta, sin rostro, sin idealización, con la carne tratada igual que trataba la roca o el mar. No era una diosa ni una alegoría. Era, sencillamente, un cuerpo. Por eso la tela pasó más de un siglo oculta tras cortinas, paneles de madera y otros cuadros que la tapaban en las casas de sus sucesivos dueños. Uno de ellos fue el psicoanalista Jacques Lacan, que la escondía tras un panel corredizo pintado por su cuñado. El Musée d'Orsay solo la expuso abiertamente al público en 1995. Mucho antes de esa fecha, lo que Courbet dejó sobre el lienzo era ya su manera de siempre de mirar la materia. La misma mano que aquí modela el vientre y los muslos con empastes densos había pintado, esos mismos años, olas rompiendo en la costa normanda.




