
Nuestras madres siempre visten de negro
Ficha
La historia
Cuando Milev pintó esta obra, en 1926, Bulgaria había enterrado a una parte enorme de sus jóvenes. Dos guerras balcánicas y luego la Primera Guerra Mundial, todo en apenas seis años, habían dejado al país vencido y de luto, y el propio Milev había combatido en esa última guerra siendo aún un adolescente. Convierte esa pérdida en una hilera de mujeres, todas de negro, dispuestas como un friso sobre el papel. Una inclina la cabeza, otra alza el rostro al cielo, otra se dobla de dolor. La madre búlgara representa aquí a toda la nación que llora, y una de las figuras lleva una aureola tenue, la señal que suele reservarse a un santo o a un mártir. El cuadro tiene un segundo título, 'Día de los Difuntos', por la Zadúshnitsa, la jornada en que los búlgaros ortodoxos acuden a las tumbas para recordar a sus muertos.
