
Diego Velázquez · PD
Felipe IV de castaño y plata
Ficha
La historia
Cuando Velázquez pintó este retrato de Felipe IV hacia 1632, acababa de regresar de un viaje a Italia que había refinado su pincel, y era ya el pintor de cámara del rey. El monarca posa de pie, con un traje pardo cubierto de una densa bordadura de plata que Velázquez resuelve, de cerca, como un remolino suelto de pinceladas y que, a distancia, se convierte en tejido preciso. En un papel que sostiene en la mano el pintor dejó su firma, un gesto discreto de orgullo. Felipe IV protegió a Velázquez durante toda su vida y apenas se dejó retratar por otros. La cara alargada, el labio caído de los Habsburgo y la mirada indiferente son los de un rey que reinaba sobre medio mundo mientras su imperio empezaba a declinar. El retrato se conserva en la National Gallery de Londres.




