
Retrato de Anna Elisabeth Burckhardt-Brenner
Ficha
La historia
A Böcklin se lo recuerda por monstruos marinos y bosques sagrados, de modo que un retrato burgués y sobrio como este resulta ajeno dentro de su obra. Lo pintó en 1868, durante los cinco años que pasó de vuelta en Basilea, su ciudad natal, cuando los encargos de las viejas familias de la ciudad eran para él un trabajo fijo y remunerado. La retratada pertenecía a los Burckhardt, una de las principales familias de comerciantes de Basilea. Su nombre, Burckhardt-Brenner, une la casa de su marido con la familia de la que procedía, los Brenner, según registraba Basilea a una mujer casada. No hay mito en el cuadro ni nada inventado, solo la efigie cuidada y sencilla de una mujer concreta, hecha por encargo en un año que por lo demás dedicó a frescos y a dioses.




