
Rembrandt · PD
Retrato de Catrina Hoogsaet
Ficha
La historia
En 1656 los tribunales de Ámsterdam habían declarado insolvente a Rembrandt, y a lo largo de 1657 y 1658 los alguaciles fueron subastando su colección de arte, sus grabados, hasta su casa. En plena ruina aceptó este encargo de Catrina Hoogsaet, una mujer acomodada de unos 50 años. Era menonita, una secta protestante de vida austera, y por eso viste de negro sobrio, con cofia y cuello blancos. La seda, sin embargo, es cara, y ella lo sabía. Rembrandt le dio una pose que los pintores solían reservar a los hombres: la mano apoyada en el brazo del sillón, vuelta hacia ti para mirarte de frente. Vivía separada de su marido, que no aparece por ninguna parte. En la pared, a su espalda, cuelgan un pequeño renglón de texto y un loro gris en su percha.




