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Retrato de Daniel-Henry Kahnweiler
Ficha
La historia
En 1910, en París, el cubismo llegaba a su punto más hermético, y Picasso retrató así a Daniel-Henry Kahnweiler, el joven marchante alemán que había apostado por esa pintura y la vendía cuando casi nadie la entendía. El rostro y el cuerpo se deshacen en planos pardos y grises, pero, si uno mira con calma, reaparecen las pistas: la onda del cabello peinado, las manos entrelazadas, la cadena del reloj, y arriba a la izquierda una talla de Nueva Caledonia que el pintor tenía en su taller. Dicen que Kahnweiler posó muchas veces. Cuatro años después estalló la guerra y, como súbdito alemán, tuvo que huir de Francia. El Estado francés confiscó su colección de cuadros cubistas y la subastó al terminar el conflicto.




