
Paul Gauguin · PD
Autorretrato con el Cristo amarillo
Ficha
La historia
Gauguin se pinta aquí entre dos obras suyas, y las dos hablan de él. A la izquierda, invertido, asoma su Cristo amarillo, la crucifixión que había pintado en Bretaña tomando como modelo un viejo crucifijo de madera de una capilla cercana. A la derecha, una de sus cerámicas: un tarro de gres con forma de cabeza grotesca, otro autorretrato, esta vez en barro. Corría 1890 y Gauguin andaba sin dinero, harto de París, preparando ya la marcha que al año siguiente lo llevaría a Tahití. Se mira de frente, con esa media sonrisa difícil de leer. Situarse entre un Cristo y una vasija deforme era su manera de decir qué clase de artista creía ser. La tela se conserva hoy en el Musée d'Orsay de París.




