
Diego Velázquez · PD
San Antonio Abad y san Pablo, primer ermitaño
Ficha
La historia
Hacia 1634 Felipe IV levantaba a las afueras de Madrid su nuevo palacio del Buen Retiro, con jardines salpicados de pequeñas ermitas. Para la capilla dedicada a San Pablo, Velázquez pintó este encuentro de dos ancianos en el desierto. La escena viene de La leyenda dorada: San Antonio Abad se adentra en Egipto para visitar a San Pablo, el primer ermitaño, y mientras conversan un cuervo baja del cielo con un pan entero, cuando de costumbre solo traía medio. Velázquez, que casi nunca pintó paisaje, despliega aquí montañas y rocas, y reparte por ellas los distintos momentos del relato, como en una historia contada por partes. Al fondo, dos leones ayudarán a Antonio a cavar la sepultura de Pablo.




