
Bartolomé Esteban Murillo · PD
San Agustín entre Cristo y la Virgen
Ficha
La historia
El cuadro que se ve hoy es más alto que el que Murillo entregó. Se pintó hacia 1665, muy probablemente para el convento de San Agustín de Sevilla, y un siglo después alguien recreció el lienzo por arriba y llenó esa franja de angelitos que se derraman también sobre la pintura antigua. La adición se ha atribuido al sevillano Alonso Miguel Tovar, muerto en 1758, aunque el museo lo plantea como suposición. Agustín aparece de rodillas, con el hábito negro de los agustinos, entre Cristo y la Virgen, y recibe en el rostro la sangre de la llaga de uno y la leche de la otra. No se trata de una aparición que el santo contara, sino de una meditación que le atribuyó una fuente apócrifa: entre los dos, no sabía hacia dónde volverse. A la izquierda, sus libros forman un espléndido fragmento de bodegón.




