
Francisco Goya · PD
Santas Justa y Rufina
Ficha
La historia
El cabildo de la catedral de Sevilla quería un martirio. Justa y Rufina, alfareras, habían muerto por negarse a honrar a una diosa pagana, y en 1817 los canónigos pensaban en la escena de su muerte para el altar de la sacristía de los Cálices. El encargo llegó a Goya gracias a su amigo Agustín Ceán Bermúdez, erudito de la pintura española, y fue Ceán quien los disuadió. Con aquellas medidas, escribió, convenía representar a las dos hermanas de cuerpo entero, serenas y decorosas, para mover a la devoción del sacerdote y de los fieles en lugar de distraerlos. Ceán exigió además al pintor, que tenía 71 años, tres o cuatro bocetos previos. Este, al óleo sobre tabla de cedro rojo, es el único que se conserva. El lienzo definitivo llegó a Sevilla en enero de 1818 con algo que esta tablita no tiene, la imagen de la diosa hecha pedazos a los pies de las santas.




