
Sarcófago de santa Elena
Ficha
La historia
Por los costados de este sarcófago cabalgan jinetes romanos sobre bárbaros vencidos, y debajo se ven prisioneros. Es una decoración extraña para la tumba de una mujer, y el museo recuerda que los estudiosos suponen que se hizo en origen para un hombre de la familia imperial, Constancio Cloro, el marido de Helena, o, más probablemente, su hijo Constantino el Grande.
Se talló a comienzos del siglo IV, probablemente entre el 310 y el 320, en pórfido rojo, una piedra extraída en el desierto de Egipto y empleada casi solo en monumentos imperiales. Constantino fundó después una nueva capital en Oriente y fue enterrado allí, en Constantinopla. Quien reposó en este sarcófago fue su madre, Helena, dentro de su mausoleo de la Vía Labicana, a las afueras de Roma, en el actual barrio de Tor Pignattara.
No se quedó allí. En el siglo XII el papa Anastasio IV lo hizo llevar a la basílica de Letrán para que fuera su propia tumba. En 1777 entró en el Vaticano, donde lo restauraron Gaspare Sibilla y Giovanni Pierantoni, y Francesco Antonio Franzoni talló los cuatro leones que lo sostienen. En la tapa, amorcillos y victorias sostienen guirnaldas, y en lo alto, a ambos lados de la arista, descansan dos leones, uno de ellos dormido.




