
Paul Gauguin · PD
Autorretrato
Ficha
La historia
En 1889 París presumía de su Exposición Universal y de una torre de hierro recién levantada, la de Eiffel. Gauguin, que no había logrado entrar en la muestra oficial, expuso con unos amigos en el café de un tal Volpini y luego se marchó a Le Pouldu, una aldea de pescadores en Bretaña. Allí pintó esta imagen sobre una tabla de madera, pensada para decorar una puerta del comedor de la posada donde se alojaba. Se retrató con una aureola dorada sobre la cabeza, unas manzanas colgando de una rama y una serpiente entre los dedos, jugando a ser a la vez santo y tentador. Fue uno de los más de cuarenta autorretratos que dejó a lo largo de su vida. Durante un tiempo la tabla siguió siendo, sencillamente, parte del mobiliario de aquella posada.




