
Autorretrato de Pârvu Mutu
Ficha
La historia
Hacia 1699, un boyardo llamado Mănăilă mandó construir en Bordești, cerca de la frontera que entonces separaba Valaquia de Moldavia, la pequeña iglesia de una ermita, y Pârvu Mutu se encargó de pintarla. Entre las figuras de los muros se retrató a sí mismo, acompañado de su aprendiz.
La escena resume el oficio del fresco. El maestro levanta un pincel con la mano derecha y en la izquierda sostiene un pequeño recipiente que las fuentes describen como una concha para mezclar colores. Un paso detrás, el aprendiz Radu, más joven y más bajo, aprieta contra el pecho una llana clara y puntiaguda, la herramienta con la que se alisaba el enlucido fresco antes de pintar. Mutu viste un largo caftán violeta abotonado de arriba abajo y una capa verde, ropa de laico acomodado.
En la tradición ortodoxa, los pintores de iglesias habían permanecido anónimos durante mucho tiempo, y el museo ve en este retrato la señal de una época en que crecían los gremios y un maestro podía aspirar a una posición respetable. Mucho después, la iglesia quedó abandonada y abierta durante décadas, y los visitantes grabaron letras en la pintura. Esos rasguños cruzan el caftán, el fondo ocre y la túnica azul de Radu, y siguieron en el fragmento cuando lo separaron del muro, a mediados del siglo pasado.
