
Francisco Goya · PD
San Francisco de Borja asistiendo a un moribundo impenitente
Ficha
La historia
En 1788 la duquesa de Osuna encargó a Goya dos lienzos para la capilla de su antepasado, san Francisco de Borja, en la catedral de Valencia. Este es el más inquietante de los dos. El santo, con hábito negro y un crucifijo en la mano, intenta arrancar una última confesión a un moribundo impenitente, mientras a los pies del lecho aguardan unos seres monstruosos, demonios prestos a llevarse el alma. Del crucifijo brotan tres chorros de sangre que los repelen. Es la primera vez que aparecen los monstruos que poblarían después los Caprichos y las pinturas negras, y sorprende hallarlos aquí, en el mismo Goya que por entonces pintaba cartones de tapiz llenos de luz y de fiesta. La cuenta que pasó a la duquesa ascendió a 30.000 reales.




