
Susana y los viejos
Ficha
La historia
El relato está en el libro de Daniel. Dos ancianos nombrados jueces espían a una mujer casada mientras se baña en su propio jardín y la amenazan con acusarla de adulterio si no cede. Ella se niega, ellos la denuncian igualmente y es condenada a muerte, hasta que Daniel interroga a los dos por separado y los hace caer en contradicción. La pintura solía quedarse en el desnudo. Guercino, que en 1617 tenía 26 años y trabajaba todavía desde Cento, elige el instante anterior a que los viejos hablen. Uno se inclina sobre el seto y no la pierde de vista. El de barba blanca se aparta de ella, mira hacia fuera del cuadro y levanta la mano para que quien esté delante guarde silencio. El propio Prado lo dice sin rodeos, ese gesto convierte al espectador en cómplice. El lienzo formaba parte de un encargo del cardenal Alessandro Ludovisi, entonces arzobispo de Bolonia, y siguió en la colección romana de los Ludovisi hasta 1664, cuando lo adquirió Felipe IV. En 1667 el padre Santos ya lo describe en El Escorial.




