
Francisco de Zurbarán · PD
La apoteosis de santo Tomás de Aquino
Ficha
La historia
En 1631 Sevilla era una de las ciudades más ricas de Europa, enriquecida por el comercio con América, y ese mismo año su cabildo invitó a instalarse en ella a un pintor de provincias de unos 33 años, Francisco de Zurbarán. Este lienzo enorme, de casi cinco metros de alto, fue su carta de presentación. Lo pintó para el Colegio de Santo Tomás de los dominicos. Arriba, santo Tomás de Aquino resplandece entre los cuatro grandes doctores de la Iglesia, con Cristo, la Virgen y la paloma del Espíritu Santo. Abajo, arrodillados, aparecen personajes muy concretos y de otro siglo: el emperador Carlos V con sus caballeros y el arzobispo Diego de Deza, fundador del colegio en 1517. El tiempo se pliega, y la fundación y la gloria celeste ocurren a la vez. Suprimido el colegio, la obra pasó al Museo de Bellas Artes de la ciudad.




