
J. M. W. Turner, The Bay of Baiae, with Apollo and the Sibyl, 1823. Wikimedia Commons. · PD
La bahía de Bayas, con Apolo y la Sibila
Ficha
La historia
Turner vio Italia por primera vez en 1819, pocos años después de que el fin de las guerras napoleónicas devolviera el continente a los viajeros británicos. Llenó cuadernos de apuntes en torno a Nápoles, también en la bahía de Bayas, donde los romanos ricos tenían sus villas junto al mar. En Londres convirtió aquellos dibujos en este gran lienzo, expuesto en la Royal Academy en 1823. En primer plano están Apolo y la Sibila de Cumas. Según Ovidio, el dios le ofrece lo que desee, y ella pide tantos años de vida como granos de arena caben en su mano. Olvida pedir la juventud y envejece durante siglos, frente a una bahía sembrada de ruinas romanas. El cuadro dio que hablar, y años después incluso John Ruskin, el crítico que tanto defendió a Turner, juzgó toscos sus colores. Su amigo el pintor George Jones, que sabía cuánto había de inventado en la vista, escribió en el marco dos palabras latinas, «Splendide mendax», espléndidamente mentiroso.




