
Bartolomé Esteban Murillo · PD
El hijo pródigo apacienta los cerdos
Ficha
La historia
Hacia 1660 Murillo contó la parábola del hijo pródigo en seis lienzos grandes, una serie pensada para una casa particular y la única suya que ha llegado completa. Esos seis están hoy en la National Gallery of Ireland, en Dublín. Lo que se ve aquí es la misma escena reducida a 27 por 34 centímetros, el muchacho arruinado entre los cerdos que se ha contratado para guardar.
El Prado conserva cuatro de estos cuadritos, de pincelada rápida y factura deshecha, y durante mucho tiempo se discutió para qué servían. Se han propuesto tres explicaciones, bocetos preparatorios, piezas de presentación para el cliente o ricordi, es decir, recuerdos que el pintor conservaba de sus propias obras. Las radiografías han despejado parte del asunto. En el lienzo de Dublín hay al fondo un gran edificio en ruinas que Murillo terminó cubriendo de pintura. Bajo la superficie del pequeño no aparece rastro de ese edificio, así que cuando lo empezó ya sabía que no iba a incluirlo. Eso sitúa los cuadritos a la vez que los grandes o después, y refuerza la idea del recuerdo. Al conjunto madrileño le faltan dos escenas, la expulsión de la mancebía y el regreso al hogar paterno, el episodio que más se pintó. No se sabe si Murillo llegó a hacerlas.




