
Dos bretonas en un prado
Ficha
La historia
En 1886 Pont-Aven era una aldea bretona barata donde los pintores se alojaban de varios en la misma pensión. Aquel verano llegó allí a pie un muchacho de 18 años. En abril lo habían echado del taller parisino de Fernand Cormon y se pasó medio año recorriendo Normandía y Bretaña. La pintura salió de esa estancia, antes de que volviera a París en octubre.
Por la factura pertenece a su año puntillista. Durante 1886 Bernard trabajaba con pequeños toques de color separados, a la manera de los neoimpresionistas de París, y las formas planas encerradas en contornos oscuros que acabaron dándole nombre llegarían dos años más tarde.
Que haya un Bernard en el Museo Van Gogh se debe a Andries Bonger, un neerlandés establecido en París y hermano de Jo Bonger, la mujer de Theo van Gogh. Quería reunir la colección de Bernard más completa posible y le compró esta obra al propio pintor antes de 1903. Se quedó en su familia hasta que el museo la adquirió a los herederos en noviembre de 1992.




