
La historia
En la madrugada del 20 de mayo de 2010, un ladrón al que la prensa llamó después Spiderman cortó un candado, quitó el cristal de una ventana y salió del Museo de Arte Moderno de París con cinco cuadros de Picasso, Matisse, Braque, Modigliani y Léger. El sistema de alarma llevaba semanas esperando una reparación. El ladrón, Vjeran Tomić, fue condenado en 2017 junto con dos cómplices, y uno de ellos declaró ante el tribunal que había tirado los lienzos a la basura presa del pánico. Ninguno ha aparecido. Entre ellos estaba la Pastoral de Henri Matisse, un pequeño paisaje pintado en 1905, el año en que los fauvistas recibieron su nombre.
El museo guarda la colección de arte del siglo XX de la propia ciudad de París y ocupa el ala este del Palais de Tokyo, un edificio con columnatas sobre el Sena levantado para la Exposición Internacional de 1937. Una obra de aquella exposición acabó aquí. La Fée Électricité de Raoul Dufy, un mural de unos 250 paneles hecho para el pabellón de la electricidad, envuelve toda una sala curva y cuenta la historia de la electricidad desde los pensadores de la Antigüedad hasta la central eléctrica.
Matisse es la otra razón para venir. El museo tiene dos versiones de su Danza de principios de los años treinta, paneles en arco con figuras que saltan, nacidos de un encargo del coleccionista estadounidense Albert Barnes. Un primer intento quedó inacabado y apareció enrollado en su estudio de Niza en 1992. El siguiente lo apartó cuando descubrió un error en las medidas, y pintó una tercera versión para Barnes. Esos dos paneles de París cuelgan hoy juntos en una sala propia, cerca de cuadros de Amedeo Modigliani y Pierre Bonnard.




