
La historia
Lo primero que Santa Cruz de Tenerife quiso conservar para la posteridad fueron unas banderas. En julio de 1797 una escuadra británica al mando de Horacio Nelson atacó el puerto y fue rechazada, y Nelson perdió el brazo derecho en el combate. Las banderas tomadas a los atacantes se convirtieron en trofeos de la ciudad, y en 1840 el Ayuntamiento mandó construir dos cajas para guardarlas, el paso que se considera el origen de su museo municipal.
Durante décadas la colección se mostró en el salón de plenos del Ayuntamiento. Desde los años treinta ocupa un edificio neoclásico en la plaza del Príncipe, obra del arquitecto Eladio Laredo, con diez bustos de tinerfeños ilustres en la fachada, entre ellos el compositor Teobaldo Power y el dramaturgo Ángel Guimerá.
Dentro, catorce salas recorren del siglo XVI al XX. La joya más antigua es el Tríptico de Nava y Grimón de Pieter Coecke van Aelst, el pintor de Amberes, que debe su nombre a una familia noble de Tenerife. Cerca están un San Andrés atribuido a José de Ribera y un retrato de la reina Isabel II de Federico de Madrazo, y los pintores de la isla tienen buena presencia, desde Cristóbal Hernández de Quintana y Juan de Miranda, activos en los siglos XVII y XVIII, hasta el paisajista Valentín Sanz.
