
La historia
En lo alto de la colina del Vomero, justo bajo el castillo de Sant'Elmo, la antigua cartuja de San Martino mira directamente sobre Nápoles y su bahía. Los monjes cartujos vivieron aquí, con interrupciones, desde el siglo XIV hasta 1866, cuando el nuevo Estado italiano se hizo con el conjunto. Un año después abrió como museo, y el propio monasterio, con sus claustros, su iglesia y su tesoro, es buena parte de lo que se viene a ver.
Casi todo su esplendor es barroco. Cosimo Fanzago, el arquitecto y escultor que dirigió las obras de 1631 a 1656, lo cubrió de mármoles de colores, y los monjes contrataron a los mejores pintores de Nápoles. José de Ribera, el maestro español que hizo su carrera en la ciudad, pintó para ellos en 1637 su Lamentación sobre Cristo muerto, que sigue colgada en la capilla del tesoro del monasterio. También están aquí su San Bruno, fundador de la orden cartuja, recibiendo la Regla y un San Sebastián tardío.
En las salas del museo la ciudad se mira a sí misma. La Tavola Strozzi, una tabla de la década de 1470 vinculada al banquero florentino Filippo Strozzi, muestra Nápoles desde el mar mientras la flota aragonesa regresa tras una victoria de 1465. Suele atribuirse a Francesco Rosselli, aunque se han propuesto otros pintores florentinos. Al lado está el gran belén napolitano del siglo XVIII donado por el coleccionista Michele Cuciniello, poblado de pastores, músicos y vendedores ambulantes.




