
La historia
Detrás de la iglesia de peregrinación de Guadalupe, en las sierras de Extremadura, hay una sacristía construida en la década de 1640 y conservada casi tal como estaba. En sus muros cuelgan ocho pinturas que Francisco de Zurbarán hizo para la sala, escenas de la vida de los monjes jerónimos que regían el monasterio, iluminadas con la sombra profunda y los hábitos blancos y lisos por los que se le conocía. Se pintaron para este espacio y nunca han salido de él.
El monasterio creció en torno a una talla de madera de la Virgen, que según la tradición halló un pastor, y que atrajo peregrinos y favor real durante siglos. Hoy se encuentra en una cámara recargada, el Camarín, detrás del altar mayor. Los edificios mezclan obra gótica, mudéjar y barroca de distintas épocas, y todo el conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Para el visitante es antes que nada un monasterio, con una de las salas pintadas más logradas de Zurbarán conservada intacta en su interior.
Colección
9 obras
El apóstol Andrés de cuerpo enteroAtribuido a El Greco, 1591
San Pedro de cuerpo enteroEl Greco, 1591
Tentación de San JerónimoFrancisco de Zurbarán, 1640
Apoteosis de San JerónimoFrancisco de Zurbarán, 1640
Flagelación de San JerónimoFrancisco de Zurbarán, 1640
Fray Andrés de Salmerón confortado por CristoFrancisco de Zurbarán, 1639
Fray Gonzalo de IllescasFrancisco de Zurbarán, 1639
Fray Martín de Vizcaya repartiendo limosnaFrancisco de Zurbarán, 1639
Visión premonitoria de fray Pedro de SalamancaFrancisco de Zurbarán, 1639