
Bartolomé Esteban Murillo · CC-BY-SA-4.0
Un pilluelo burlándose de una anciana que come migas
Ficha
La historia
A Murillo se le recuerda por sus vírgenes de mirada dulce, así que un pilluelo burlón sorprende. Un golfillo harapiento señala con el dedo y se ríe de una vieja encorvada sobre su escudilla de migas, ese plato humilde de pan frito con el que se sostenían los pobres de Sevilla. Ella lo guarda con recelo, medio vuelta de espaldas a él. Murillo lo pintó hacia 1662, en una Sevilla aún consumida por la peste de 1649, que había matado a buena parte de la ciudad y llenado sus calles de niños como estos. En España estos cuadros apenas encontraban comprador. Los reunían mercaderes del norte de Europa, y así llegó este a Dyrham Park, en Inglaterra, adquirido por el funcionario William Blathwayt. Allí cuelga a su lado una segunda versión, una copia del siglo XVIII que un día se atribuyó, con más ilusión que fundamento, a Gainsborough.




