
Paul Gauguin · PD
Retrato en el lecho de muerte de Aristide «Atiti» Suhas, fallecido el 5 de marzo de 1892, a 1 año y medio
Ficha
La historia
En marzo de 1892 Gauguin llevaba cerca de un año viviendo en Tahití y se había hecho muy cercano a una familia vecina, los Suhas. Su hijo pequeño, Aristide, a quien todos llamaban Atiti, murió de repente el día cinco de ese mes, con año y medio. Gauguin lo pintó en su lecho de muerte: un rosario pasado entre las manitas juntas, una cinta azul con un medallón al cuello, la almohada y un pequeño ramo como manchas claras sobre el pelo negro azulado y un fondo oscuro. Le importaba menos el parecido exacto que el sentimiento de la pérdida, que tradujo en las formas simplificadas y el color encendido que iba desarrollando en la isla. La historia no termina en el lienzo. Otros dos cuadros que Gauguin había pintado para el cuarto del niño se enterraron con él. Este retrato quedó en la familia, pasó a Florida, la hermana de Atiti, y no llegó al Kröller-Müller hasta 1951.




