
Paul Gauguin · PD
Flores y un cuenco de fruta sobre una mesa
Ficha
La historia
En mayo de 1894, de vuelta en Francia entre sus dos viajes al Pacífico, Gauguin se rompió el tobillo y pasó meses inmovilizado en Pont-Aven, en Bretaña. El paisajista Gustave Loiseau, 17 años más joven, iba a verlo una y otra vez durante la convalecencia, y Gauguin le regaló esta pequeña naturaleza muerta. Pertenece a esos dos años en Europa en que su paleta se volvió pálida, lejos de los verdes de Tahití. Hay flores y un frutero sobre una mesa, y las notas más vivas son los cítricos y el fleco de borlas que remata la repisa de la chimenea. Loiseau guardó el cuadro 27 años. En 1921 se lo vendió al marchante parisino Durand-Ruel y le escribió una carta contando cómo era la pintura y cómo había llegado a sus manos. Una copia de esa carta viajó a Boston junto con el lienzo.




