
Jean-Auguste-Dominique Ingres · PD
Napoleón I en su trono imperial
Ficha
La historia
Ingres tenía 26 años cuando presentó este retrato en 1806, dos años después de que Napoleón se coronara emperador. Y lo pintó como si fuera un ídolo. Napoleón aparece de frente, rígido, cargado de armiño, terciopelo y oro, con el cetro y la mano de la justicia, en una pose que recuerda a la vez a los emperadores bizantinos, a Carlomagno y a un Júpiter en su trono. Los críticos del momento se quedaron desconcertados: les pareció arcaico, gótico, poco natural, demasiado plano para su gusto moderno. Ingres buscaba justo eso, una imagen intemporal del poder, más de icono que de hombre. Hoy cuelga en el museo del Ejército de París, junto a la tumba del propio Napoleón.




