
Francisco Goya · PD
Mujer desnuda reclinada contra una roca
Ficha
La historia
En diciembre de 1825, desde Burdeos, Goya contaba a un amigo que el invierno anterior había pintado sobre marfil y que tenía una colección de cerca de 40 ensayos. Insistía en que era miniatura original, no hecha a puntos como la de siempre, más parecida a los pinceles de Velázquez que a los de Mengs, el pintor neoclásico que había dictado el gusto en la corte española cuando Goya era joven. Esta placa diminuta, de menos de nueve centímetros de lado, es una de ellas. Goya ennegrecía el marfil con negro de carbón, dejaba caer una gota de agua que levantaba parte del negro al azar y luego trabajaba las formas que aparecían con acuarela y raspados. Aquí las manchas se convirtieron en una mujer desnuda recostada contra una roca. Perteneció a sir William Stirling Maxwell, el historiador escocés del arte español, siguió en manos de sus descendientes y en 1963 salió a subasta en Londres, donde la compró el museo.




