
Gustave Courbet · PD
Retrato de Madame Jolicler, de soltera Lydie Chenoz
Ficha
La historia
La mujer de este retrato vivía en Pontarlier, un pueblo del este de Francia situado a pocos kilómetros de la frontera suiza. Se llamaba Lydie Jolicler, y en el verano de 1873 esa cercanía a la frontera le importó mucho a Gustave Courbet. En Francia se enfrentaba a la ruina. Le reclamaban el coste de reconstruir un monumento parisino derribado durante los meses en que el pintor formó parte de la comisión de artes de la Comuna, el breve gobierno revolucionario de 1871. Para que sus cuadros no fueran embargados a cuenta de esa deuda, decidió salir del país. Fue la familia de Lydie la que conocía los senderos de montaña y lo pasó al otro lado en cerca de una hora, esquivando los puestos de aduana, y la propia Lydie le puso en la mano un rollo de monedas de plata para el viaje, parte de ellas dinero suizo que había ido ahorrando.
Courbet la pintó más de una vez, y el año de este lienzo no está fijado. Las fuentes lo sitúan entre mediados de la década de 1860 y los últimos años del pintor en el exilio. La amistad que hay detrás, en cambio, no ofrece dudas. La tela permaneció con Lydie en Pontarlier, pasó después por varias colecciones y llegó al Museo Kröller-Müller, en los Países Bajos.




