
Philippe Cendron · PD
Retrato de Madame Paul Guillaume con un gran sombrero
Ficha
La historia
A finales de los años veinte, una parisina a la moda llevaba una pamela de ala ancha y se pintaba los labios de un rojo lacado. Así retrató Derain, hacia 1928 o 1929, a Juliette Lacaze, apodada Domenica, esposa de su marchante Paul Guillaume. Aparece sentada como una dama de sociedad, con una lujosa estola de color crema sobre los hombros, las manos cruzadas y una sonrisa apenas insinuada. La paleta se limita a beiges y ocres, y una tela carmín al fondo da profundidad al cuadro. Unos diez años antes, Derain había pintado al propio Paul Guillaume. A la derecha, apenas esbozado, asoma otro de sus lienzos, Arlequín y Pierrot, el gran cuadro que Guillaume le había encargado. La pareja colgó este retrato en un lugar destacado de su dormitorio, en su palacete de París.





